UN DIÁLOGO POR EL PLANETA

RSE 30 may 2016
UN DIÁLOGO POR EL PLANETA

Como lo anticipamos en ediciones anteriores, la encíclica Laudato Si´, que fue presentada hace unos meses por el Papa Francisco, nos llama a reflexionar y nos invita a actuar para revertir la situación que sufre el planeta. Por ello, a través de estas líneas les acercamos un breve análisis del segundo capítulo en el que el Papa Francisco habla sobre la creación con una mirada desde el evangelio. Si bien este capítulo tiene una mirada desde la fe, está abierto a todas las personas de buena voluntad.

¿Por qué incluir en este documento, dirigido a todas las personas de buena voluntad, un capítulo referido a convicciones creyentes?

Con esta pregunta inicia el Papa Francisco el segundo capítulo de la encíclica Laudato Si´. Francisco sabe muy bien y no , que en algunos ámbitos se rechaza la idea de un creador del mundo, pero es por ello que plantea en este capítulo la posibilidad de que se desarrolle un diálogo intenso y productivo entre ambas posturas.

A lo largo del segundo capítulo, se analizan diversos aspectos que deben ser tenidos en cuenta para generar este diálogo necesario para el cuidado de la casa común. Estos son: la luz que ofrece la fe, la sabiduría de los relatos bíblicos, el misterio del universo, el mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado, una comunión universal, el destino común de los bienes y la mirada de Jesús.

Francisco sostiene que dada la complejidad de la crisis actual en la ecológica y las causas que la generaron, se debería reconocer que las soluciones al problema grave que se plantea no pueden llegar desde un único modo de interpretar y transformar la realidad. Es por ello, que plantea la necesidad de remitirnos a las diversas riquezas culturales de los pueblos, al arte y a la poesía, a la vida interior y a la espiritualidad. Francisco hace un llamado a tener en cuenta la luz que ofrece la fe ya que la Iglesia Católica está abierta al diálogo con el pensamiento filosófico, y eso le permite producir diversas síntesis entre la fe y la razón.

Por otro lado, el Pontífice presenta la sabiduría que los relatos bíblicos poseen y la forma en la que pueden contribuir a encontrar una salida a la crisis actual. El papa afirma que la Biblia enseña que cada ser humano es creado por amor, hecho a imagen y semejanza de Dios, mostrando la inmensa dignidad de cada persona humana, que no es solamente algo, sino alguien. Los relatos de la creación en el libro del Génesis contienen un lenguaje simbólico y narrativo. Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra.

El capítulo de los relatos bíblicos posee una gran riqueza y esto lo encontramos en las citas que toma la encíclica. Uno de ellos es la historia de Noé donde Dios da a la humanidad la posibilidad de un nuevo comienzo. La tradición bíblica establece claramente que esta rehabilitación implica el redescubrimiento y el respeto de los ritmos de la naturaleza por la mano del Creador, como lo vemos en la ley del Shabbath. El séptimo día, Dios descansó de todas sus obras. Dios ordenó a Israel que cada séptimo día debía celebrarse como un día de descanso, un Shabbath. Por otra parte, también se relata cómo se instauró un año sabático para Israel y su tierra, cada siete años, se daba un completo descanso a la tierra, no se sembraba y sólo se cosechaba lo indispensable para subsistir.

En el segundo capítulo de la Laudato Si´ se hace referencia también al misterio del universo. En éste se plantea que hasta la vida efímera del ser más insignificante es objeto del amor de Dios y, en esos pocos segundos de existencia, él lo rodea con su cariño. Es allí donde hace un llamado a l Iglesia y a la acción que ésta debe llevar a cabo el cuidado de la naturaleza y sobre todo proteger al hombre contra la destrucción de sí mismo. A partir de los relatos bíblicos que se presentan, podemos resaltar al ser humano como sujeto y se advierte que nunca puede ser reducido a la categoría de objeto ya que está dotado de inteligencia y de amor.

El mensaje de cada criatura en la armonía de todo lo creado es otro de los puntos destacados. Cada criatura tiene una función en el planeta y ninguna es superflua. Y esto se observa en la oración de San Francisco de Asís que inspiró al pontífice para escribir esta encíclica. Oración que dice así: “Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el hermano sol, por quien nos das el día y nos iluminas. Y es bello y radiante con gran esplendor, de ti, Altísimo, lleva significación. Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas, en el cielo las formaste claras y preciosas, y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno, y todo tiempo, por todos ellos a tus criaturas das sustento. Alabado seas, mi Señor, por la hermana agua, la cual es muy humilde, y preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego, por el cual iluminas la noche, y es bello, y alegre y vigoroso, y fuerte”.

Por último, como cierre del segundo capítulo, el Papa Francisco habla de la comunión universal, del Destino común de los bienes y de la Mirada de Jesús. En estos puntos, hace un llamado a tomar conciencia de que no puede ser genuino un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si, al mismo tiempo, en el corazón del hombre no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es aquí donde resalta la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas.

Los creyentes y no creyentes debemos estar de acuerdo en que la tierra es esencialmente una herencia común, cuyos frutos deben beneficiar a todos los hombres. Para los creyentes, esto se convierte en una cuestión de fidelidad al Creador, porque Dios creó el mundo para todos. Por ende, todo planteo ecológico debe incorporar una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados. El rico y el pobre tienen igual dignidad y para ello hay que trabajar. El medio ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos. Para ello debemos trabajar, cada día con mayor esfuerzo.

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Sobre el autor

Lic. Roberto Dabusti
Lic. Roberto Dabusti

Presidente del Departamento de Desarrollo Sustentable

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